volver

La principal característica del Bull Terrier radica en su fuerte personalidad. Junto con una total y absoluta devoción y lealtad hacia su familia, su simpatía y curiosidad lo convierten en un compañero de vida muy atractivo. Su necesidad de encontrarse ocupado en todo momento lo convierte en un payaso cuando su dueño se encuentra presente, centrando toda su atención en hacerle partícipe de sus juegos y compañía.

Por sus características físicas, el juego de tirar la pelota se convierte en un juego de carga, pues el Bull Terrier, con su cráneo redondeado, no dudara en embestir contra todo aquello que se encuentre en su camino sin sufrir daño alguno.

El Bull Terrier, con el paso del tiempo, acaba por adquirir la capacidad de hablar. No es capaz de pronunciar palabras lógicas, pero sí es capaz de manejar un extenso abanico de sonidos con el fin de llamar la atención de su dueño y, casi, conversar con él.

El perro de esta raza tiene la absoluta necesidad del contacto con la gente de su familia, por lo que aprovecha cualquier oportunidad para acomodarse sobre las piernas de su dueño, o de llamar su atención. Su carácter decidido y obstinado le impedirá cambiar de opinión cuando esté decidido a ser atendido.

Aunque su dueño le regañe verbalmente (ya que su cuerpo le hace inmune a las reprimendas físicas), la lealtad que siente hacia él le hará seguirle con ojos tristes con el fin de lograr una caricia o una muestra de afecto, para luego seguir con lo que estaba haciendo.

Todo esto hace del Bull Terrier un interesante (y complejo) animal de compañía aunque, obviamente, la raza conserva las fuertes mandíbulas y potente cuerpo que le hicieron un campeón en el ring. Pero el Bull Terrier sólo muestra esta característica cuando se ve en la necesidad de defender a su familia (en la que ocupa un puesto relevante su amo) de algún ataque externo, y lo hará como muestra de devoción y lealtad absolutas.